miércoles, 11 de enero de 2012

Propósitos Ambientales para un NUEVO AÑO

Por Francisco Calderón Cordova
Formularnos durante los primeros días del año una serie de propósitos para hacer bien las cosas en el transcurso de los doce meses por venir, es un hábito muy positivo en la medida en la que también identifiquemos cuáles serán –uno a uno- los pasos que deberemos dar para lograrlos. Sólo así podremos ir alcanzando nuestras metas y, desde luego, evaluar si nuestro plan está teniendo o no los resultados que esperamos. Sin establecer un plan, hacer propósitos sería sólo agregarle tensiones a nuestra agenda cotidiana, de por sí llena de compromisos que a veces no logramos cumplir al cien por ciento. Proponerse cuidar el medio ambiente y contribuir a revertir el calentamiento global, aunque le parezca un propósito difícil o una tarea reservada a los especialistas y científicos, es una acción individual muy positiva que puedes realizar durante el año y, sobre todo, una tarea susceptible de ser medida.

Hoy sabemos que una de las principales causas del cambio climático en todo el planeta, es la excesiva quema de petróleo que hacemos los seres humanos para producir energía eléctrica, mover al transporte, hacer funcionar a la industria y a los servicios, así como para procurar que nuestros hogares sean lugares confortables. Desafortunadamente, siempre que utilizamos combustibles derivados del petróleo enviamos al aire un gas residual llamado dióxido de carbono (CO2), que es el principal responsable –junto con el metano, el ozono, el óxido de nitrógeno, los cloroflurocarburos y el vapor de agua- de retener el calor producido por la radiación solar dentro de la atmósfera. Como resultado de nuestras actividades cotidianas y del uso intensivo de la energía, diariamente son depositados en el aire cientos de miles de toneladas de dióxido de carbono, lo que ha llevado a perder el equilibrio natural y la capacidad del planeta para absorber y transformar de manera natural este abundante gas. Si a ello sumamos la enorme deforestación que se está llevando a cabo en muchas regiones del orbe, es explicable la pérdida de la capacidad natural que tiene el planeta para atrapar y transformar al CO2.

Nunca sobre la Tierra el carbono había rebasado las 300 partes por millón en la composición de nuestra atmósfera; hoy, por primera vez nos acercamos ya a las 400 partes por millón de carbono. Las consecuencias para la vida son aún impredecibles y las estamos comenzando a padecer ya, no sólo por causa de la elevación de las temperaturas en diferentes regiones del mundo, sino con el cambio en los patrones usuales del clima y su consecuente impacto sobre la agricultura, la producción de alimentos, la erosión del suelo por inundaciones y sequías, e incluso con la aparición de nuevas enfermedades en todas las especies vivas del planeta. Una solución a todo esto es el cambio a fuentes limpias y renovables de energía (como el hidrógeno, la energía solar o la eólica) y el uso de tecnologías amigables con el medio ambiente; sin embargo, es un proceso que -tanto en México como en el mundo- ha avanzado lento y ciertamente se ha topado con obstáculos y dificultades.

Fijémonos como propósito para los meses por venir, hacer cosas que puedan modificar sustancialmente nuestros hábitos de consumo y, por tanto, reducir la huella que estamos dejando sobre el planeta:

1.- Reducir y moderar el uso de la electricidad en la casa o en la oficina; utilizando focos ahorradores, colocando detectores de movimiento para encender y apagar las luces en áreas comunes, o desconectando los aparatos que no se están usando (como cargadores de celular) y los que permanecen en hibernación (como video-reproductores, ordenadores, hornos de micro-ondas o aparatos de sonido). Es recomendable que el refrigerador sea de bajo consumo energético, y que permanezca cerrado la mayor parte del tiempo. Con tus recibos de luz podrás darte cuenta si estás avanzando en esta tarea. Recordemos que por causa del petróleo utilizado para generar electricidad en México, cada año se descargan a la atmósfera más de 27 millones de toneladas de CO2.

2.- Modificar la frecuencia y el tipo de transporte en el que nos movemos; caminar o utilizar la bicicleta es un medio de transporte con cero emisiones a la atmósfera, además de ser una forma agradable para hacer ejercicio y mantenerse saludable. Siempre que puedas, opta por ello. Cada vez que te sea posible, usa el transporte colectivo y sólo utiliza el automóvil lo estrictamente necesario. Cuando viajes en autobús o en avión procura no llevar mucho peso en tu equipaje, ya que a mayor carga hay más consumo de combustible y contaminación.

3.- Reflexionar sobre el tipo y el origen de las mercancías que adquirimos; el acto de comprar cualquier producto en el mercado, trae consigo una fuerte responsabilidad ambiental a la persona que le consume. Por ello, hay que optar por productos que no contaminen o que su impacto en el medio ambiente pueda ser fácilmente controlado y asimilado. Prefiramos aparatos eficientes en el consumo de electricidad, así como alimentos y otros productos de origen local y nacional. Rechaza productos contaminantes o peligrosos (como las pilas y baterías piratas); reutiliza un mismo producto para diversa aplicaciones (como los envases o cajas); y apoya el reciclaje de materiales –entre otros- como el papel, el cartón, el plástico y el cristal, separándoles de la basura y entregándolos a los centros de reciclaje de tu ciudad.

4.- Reducir la cantidad de residuos que generamos; la descomposición de la basura es una importante fuente generadora de metano, uno de los gases responsables del calentamiento global y del cambio climático. En ciudades como el Distrito Federal, en promedio cada persona genera diariamente hasta dos kilos de basura. Además del impacto que tienen en el medio ambiente las decenas de miles de toneladas de basura que diariamente salen de nuestras casas, del comercio, la industria y los servicios, el manejo integral de los residuos (orgánicos, inorgánicos y peligrosos) consume un volumen muy elevado de energía y de recursos. Separando nuestros desechos en residuos orgánicos, inorgánicos y sanitarios, podemos contribuir a reducir su volumen y a facilitar un mejor aprovechamiento de éstos para el reciclaje.

5.- Cuidar y consumir responsable y sustentablemente los recursos naturales; en promedio, cada mexicano utiliza un total de 350 litros de agua y hay quienes llegan a consumir hasta 600 litros al día, cuando en los países europeos la cifra no rebasa los 135 litros por persona al día. Toma duchas de menos tiempo (no más de 7 minutos) y, de ser posible, instala dispositivos ahorradores de agua en la regadera y calentadores solares. Cuida los bosques y las áreas verdes en tu ciudad, ya que son fábricas de agua y de oxígeno, además de que capturan el CO2 de la atmósfera, reducen la fuerza de los vientos, mitigan el ruido y favorecen al clima. Procura no adquirir productos cuyas materias primas naturales no estén certificadas, ni adquieras animales silvestres cuya venta no esté controlada y autorizada.

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